¿Y si el encierro nos libera?


No es novedad para ninguno de nosotros amantes de la montaña, que el pasar interminables horas “esperando el momento” puede desencadenar en la mente una serie de ideas, sueños y hasta infinidad de incertidumbres. Incluso si no estuviéramos dentro de la tienda en campo base esperando, pero en el entrenamiento de cara al ascenso o en esta misma caminata que convierte 100 metros en un horizonte de posibilidades, estamos acostumbrados a desconectar la mente y llevarla a otro lado; ¿pero qué tan posible es hacerlo confinados al hogar? ¿Y si el encierro nos libera?


Autores como Felice Benuzzi en su libro No Picnic on Mount Kenya se han encargado de destacar los poderes mentales, si así queremos llamarles, que los seres humanos poseen. Destinados a cinco años de confinamiento logra hacer uso de estos poderes y convertir la experiencia en una aventura. En 1941, Benuzzi (de nacionalidad italiana) es capturado junto con su esposa e hija por ingleses, enviado a la Kenya británica y encerrado en el Campo 354. Las condiciones en el campo no eran aplastantes pero sí increíblemente aburridas. Así pues, una mañana cualquiera Benuzzi miraba por la ventana y se encontró con el Mt. Kenya, el siguiente amor de su vida, que después de cuatro horas de contemplarle se convertiría en el motor que su mente necesitaba para sobrevivir. El plan supondría: escapar del campo de concentración, ascender los 5,199 mts del Mount Kenya (con todos los riesgos que esto claramente implicaría) y volver a entrar al Campo 354 sin ser visto.



En definitiva la montaña mueve y el paisaje por sí mismo habla, pero incluso Benuzzi, dentro de un campo de concentración en Kenya y con ocho meses de planeación por delante, lo logró. ¿Por qué?


La psicología de la motivación afirma que el prepararse para una meta puede ser igual de enriquecedor o incluso más, que alcanzar la meta misma. Esto sucede gracias a las interconexiones neuronales que se generan cuando planeamos, soñamos, brincamos al futuro. En muchas ocasiones, el camino hacia la cumbre es mucho más enriquecedor que alcanzar la misma e incluso la experiencia, aunque no logremos encumbrar, representa un cambio dentro de nosotros. La incertidumbre es un sentimiento complicado y se vuelve aún más en una época en la que estamos acostumbrados a obtener información y recompensas al alcance de un click.


Quizás, el secreto de este confinamiento se encuentre en la montaña, en donde la única certidumbre que tenemos es que ésta seguirá ahí. Así, pueden haber factores climatológicos o ajenos a nosotros que no nos permitan “alcanzar esa recompensa”, pero el hecho de planteárnoslo, de haber puesto el cerebro en marcha hacia esa meta y haber cambiado el chip del aburrimiento por el chip de la aventura, nos conducirá a distracciones mucho más saludables, emocionalmente mucho más enriquecedoras y eficientes.

¿Cuál será nuestro Mount Kenya en este confinamiento? ¿Y si el encierro nos libera?

María José Harispuru Ponce de León.


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